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27 de Septiembre de 2019
¿A qué ciencia y tecnología apostará el nuevo gobierno?
Erica Carrizo y Sergio Rodríguez analizan los cambios necesarios para redireccionar la Política de Ciencia y Tecnología. Rol de las universidades, agendas locales, política industrial y criterios de evaluación de la producción científica, en debate.
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En esta nota: Erica Carrizo, Sergio Rodríguez, Política de Ciencia y Tecnología

Movilización de investigadores contra las políticas de ajuste del gobierno de Cambiemos.

Por Erica Carrizo* y Sergio Rodríguez** 

En materia científica y tecnológica (CyT), el desafío que enfrentará el próximo gobierno no se reduce a re-jerarquizar la degradada Secretaría de Ciencia y Tecnología, ni a gestionar mayores recursos económicos para el sector. La oportunidad inédita que se abre en este escenario exige trascender estos objetivos y capitalizar los aprendizajes acumulados en el ámbito de la política de CyT nacional evitando repetir los errores del pasado.  Pero ¿cuáles serían los puntos más sensibles a trabajar? 

Política industrial 

En primer lugar, que el Poder Ejecutivo Nacional-y sus contrapartes provinciales, municipales y comunales-demanden otro rol de la ciencia y la tecnología en el desarrollo socioeconómico. Esto requiere la estructuración de una matriz común de desarrollo en la que se identifiquen con claridad las problemáticas de relevancia socioeconómica a resolver en el corto, mediano y largo plazo, que deberán configurar el eje estructurante de la política de CyT como del resto de las políticas públicas sectoriales. 

La reactivación del diezmado entramado productivo y la generación de empleo son, sin dudas, ejemplos de problemas de corto plazo. Sin embargo, el mediano plazo exige una política industrial sólida que logre avanzar en la dificultad histórica de contar con una estructura productiva desequilibrada en la que conviven un sector agrícola-ganadero que concentra la generación de divisas a partir de actividades primarias orientadas a  la exportación y un sector industrial de mediana y baja intensidad tecnológica. Romper la tendencia extractivista del modelo productivo nacional, es uno de los principales problemas a trabajar en el largo plazo, pero que demanda medidas de política urgentes, como por ejemplo, una evaluación sistémica de la sustentabilidad ambiental, sanitaria, social y territorial del modelo. 

Si se consideran estas variables, la política de CyT argentina no puede continuar exclusivamente impulsando la producción de conocimiento científico de frontera ni el desarrollo tecnológico orientado al mercado, sin replantearse seriamente cuál es el sistema de referencias al que responde. Y es el Estado, el que debe conducir y controlar este proceso. 

De lo global a las agendas locales

Es necesario que el sistema de referencias global que históricamente orientó esta política se complemente con otros sistemas que reposicionen los problemas del territorio en sus diferentes niveles de intervención: comunitario, provincial, nacional y latinoamericano ¿Quién dice que la ciencia de calidad es la que dialoga exclusivamente, y a través de papers, con el mundo? ¿Quién dice que la única tecnología útil es la que logra instalar un proceso o un producto en el mercado? ¿Por qué no sería posible impulsar una ciencia que, sin perder su calidad, se motive también en su propio contexto además de mirar los temas del mundo? ¿Por qué no promover una tecnología que des-idealice los imperativos del mercado y contribuya también a solucionar los problemas socioeconómicos, industriales, culturales, ambientales, y educativos de nuestros territorios? ¿Cómo es posible que con la heterogeneidad histórico-estructural de la Argentina se siga impulsando un sólo un tipo de ciencia y tecnología?

Detección de las capacidades disponibles

Puertas adentro del sector CyT, esto implica realizar un diagnóstico integral que detecte cuáles son las capacidades -de investigación, desarrollo tecnológico, gestión, infraestructura, etc.- ya disponibles para contribuir en el abordaje y resolución de estas problemáticas, como así también identificar qué regiones, instituciones, áreas científicas y tecnológicas, líneas de investigación y desarrollo tecnológico, requieren fortalecerse para responder a los problemas del futuro ¿O el país se dedicará a resolver a las apuradas las urgencias del presente sin preguntarse por los desafíos que le plantea el mañana? 

Sólo sobre la base de esta plataforma, el Estado puede estar en condiciones de decidir en qué regiones del territorio nacional se requiere la aplicación de políticas horizontales -expansión de la infraestructura CyT, formación de recursos humanos altamente calificados, y financiamiento a proyectos de Investigación y Desarrollo (I+D) focalizadas -en sectores y tecnologías estratégicas- u orientadas a misiones - centradas en la resolución de problemas socioeconómicos concretos-. 

Una de las mayores debilidades a corregir en este sentido, es que estas políticas se ajusten a rigurosos esquemas de diseño, implementación, monitoreo, evaluación de resultados e impacto, no sólo hacia el interior del sector CyT sino hacia el resto de los sectores socioeconómicos estratégicos que se prioricen. No es posible que la Argentina continúe invirtiendo cuantiosas sumas de dinero y el trabajo de personal científico, tecnológico y de gestión calificado en iniciativas de política que no se sabe en qué terminan.  

Criterios de evaluación de la producción científica

A su vez, implica replantear los criterios de evaluación de la producción científica y el desarrollo tecnológico. Si estas actividades siguen cautivas de la publicación de papers y el patentamiento ciego de tecnología  -ambos criterios exclusivamente vinculados a un sistema de referencias global-, no será posible promover una política de CyT centralizada en problemas de relevancia socioeconómica dado que se estarían enviando señales contradictorias al complejo de CyT nacional.  

Parte indisociable de este esquema, debe ser la integración de criterios de evaluación que revaloricen las actividades de docencia y extensión universitaria, tan importantes como la investigación científica y el desarrollo tecnológico. La primera, debe encargarse de ofrecer a nuestros futuros profesionales una formación lo suficientemente compleja, politizada y transdiciplinaria para enfrentar los problemas de una realidad que no reconoce fronteras ni sectoriales, ni territoriales, ni disciplinarias, ni epistemológicas. En otras palabras, problemas que no son científicos ni tecnológicos. La segunda, debe profundizar su vínculo comunitario, y enraizarse en los temas epocales que le exige su contexto inmediato.  

El nuevo gobierno, tendrá la oportunidad histórica de avanzar en la reorientación de una política de CyT que actúe como una herramienta de transformación capaz de traducirse en el bienestar de las mayorías ¿O su misión será hacer más de lo mismo? 

*Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).  
**Lic. en Administración. Secretaría de Gobierno en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. 

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En esta nota: Erica Carrizo, Sergio Rodríguez, Política de Ciencia y Tecnología
Erica Carrizo Sergio Rodríguez Política de Ciencia y Tecnología
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