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16 de Enero de 2020
Científicos estudian cómo erradicar a una especie de jejenes que colonizó "toda la cuenca del Río Salado"
Juan José García, investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) aseguró que "la presencia del insecto afecta la calidad de vida de las personas pero también las economías locales".
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Simulium chaquese se trata de un insecto volador hematófago, es decir que se alimenta de sangre, y cuya picadura produce un corte en la piel doloroso y fácil de infectar con el rascado. 

Juan José García, investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) a cargo de un proyecto para colaborar con las autoridades de las comunidades afectadas en la erradicación de la plaga indicó que "lejos de ser algo nuevo, este problema viene por lo menos desde 2000, cuando el insecto colonizó toda la cuenca del Río Salado, que en territorio bonaerense se extiende a lo largo de casi 700 kilómetros y atraviesa más de 15 municipios. Llegó desde las provincias del norte argentino a través de las sucesivas inundaciones. Si bien convive con otras tres especies, S. chaquese es la más agresiva con los seres humanos". 

Las características del jején 

Jején, barigüí, paquita, simúlido o mosca negra. No importa cómo se lo llame; si es en la Provincia de Buenos Aires, se está hablando de una sola especie, tan pequeña como problemática: Simulium chaquese. Se trata de un insecto volador hematófago, es decir que se alimenta de sangre, y cuya picadura produce un corte en la piel doloroso y fácil de infectar con el rascado. Si bien podría decirse que se comporta similar a un mosquito durante la temporada estival, hay ciertas regiones en las que su presencia ha llegado a tornarse casi incontrolable, a lo que se suma el hecho de ser mucho más resistente a los repelentes químicos normalmente utilizados. 

Para reproducirse, el barigüí necesita aguas correntosas y transparentes, con lo cual se asienta perfectamente a lo largo de ríos y arroyos. La primera ciudad bonaerense en padecer la invasión fue Junín, pero continuó extendiéndose hacia otras como Alberti, Roque Pérez, Bragado, General Belgrano, por citar algunas. En todas ellas, la presencia del insecto afecta la calidad de vida de las personas pero también las economías locales, teniendo en cuenta que algunos sitios ofrecen atracciones turísticas como complejos termales y parques con lagunas que se tornan imposibles para los visitantes. "El mismo perjuicio alcanza a la producción agrícola ganadera, porque la mosquita devora a los animales y a los trabajadores del sector desde las siete de la mañana hasta que se va el sol", agregó el científico. 

Se requieren trabajos de prevención 

Mundialmente, el insecticida utilizado para eliminar las larvas es una formulación biológica elaborada a partir de una bacteria denominada Bacillus thuringiensis israelensis, de ahí que el producto se llame Bti. "Se produce tanto en el exterior como en el país, pero los hay de distintas calidades y algunos no resultan efectivos. Los más óptimos garantizan el éxito incluso contra los mosquitos también. El problema es la falta de coordinación y sistematicidad: la fumigación tiene que ser ordenada y sostenida en el tiempo", aseguró García, quien junto a su equipo de trabajo ha recorrido varias veces las zonas afectadas en el marco de un proyecto en el que proponen "formar a los agentes municipales encargados de estas tareas y asesorarlos respecto del tratamiento a realizar", expresó. 

Desde la Universidad Clemson en Carolina del Sur (EEUU), el profesor Peter Adler colabora con el proyecto a partir de su vasta experiencia en la implementación de programas de control del insecto en distintas áreas de Norteamérica, Turquía y otros países europeos. "Los principios para desarrollar y sostener un plan efectivo son los mismos en cualquier parte del mundo", aseguró el especialista antes de enumerar: "Primero hay que identificar con precisión qué especie está causando la invasión; luego comprender su biología, porque por ejemplo el número de generaciones que tiene por año nos va a permitir determinar cuántas aplicaciones del insecticida serán necesarias; también conocer la ecología del lugar en que se utilizará el producto y al resto de los organismos que lo habitan". 

En tanto, Adler explicó que "los otros puntos son: adquirir Bti de la mejor calidad posible; instituir un monitoreo exhaustivo de las poblaciones de la mosquita; educar y entrenar a las personas encargadas de fumigar; y mantener buena comunicación con las comunidades que habitan las zonas donde se va a trabajar". 

En este contexto, Adler remarcó la importancia de que haya "continuidad en el tiempo", ya que abandonar el programa repercute en una segura reaparición de la plaga. Mientras que, García aseguró que "la evaluación del producto es fundamental, porque no todas las partidas son buenas, y si lo aplicás pero después no controlás si funcionó, no sirve".

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